Editoriales 2009

Editorial del nº 22 del 4 trimestre 2009

Cuando los muros caen 

Algo de lo que ha sido relevante en este año 2009 ha sido la importancia de las relaciones. La crisis global del 2008 hubiese sido más catastrófica de no ser por la respuesta global de los países más fuertes del planeta. Continuos encuentros de los principales mandatarios han estado en las primeras planas de los medios de comunicación. Ejemplo de ello, lo hemos visto en la recta final del año 2009 cuando asistieron los principales líderes mundiales al 20 aniversario de la caída del Muro de Berlín con 50 kilómetros de largo, 4 metros de alto y que separó desde el 13 de agosto de 1961, durante 28 años, a las dos Alemanias. En definitiva, al caída de este muro significaba el fin del último rescoldo de una barrera física propia de una época marcada por la separación de los países comunistas y capitalistas. Pocas semanas después, Barack Obama, visita al gigante asiático buscando alianzas indispensables para la supervivencia de las potencias occidentales y procurando encuentros estratégicos que me hacen recordar lo lejos que está la llamada Cortina de Bambú.

Pero alineados con el recuerdo de estas cortinas o muros, no podemos olvidar lo que Sir Wiston Churchill en una conferencia en Estados Unidos en el año 1946 calificó de Telón de Acero a la frontera física e ideológica que separaba a los países que, tras la Segunda Guerra Mundial, habían quedado bajo la influencia militar, política y económica de la Unión Soviética de los países llamados occidentales y con democracias capitalistas.

Sin duda, el siglo XX se ha caracterizado por el levantamiento de este tipo de muros, telones o barreras y, al mismo tiempo, la necesidad indispensable de su caída para beneficio de los intereses globales. Curiosamente, el presidente Zapatero, comparó la caída del muro de Berlín con la caída del “muro del franquismo” que separó a España del resto del mundo quedando privada de libertad y progreso durante 40 años.

Respecto al ámbito de la fe, muchos son los testimonios de aquellos que vivieron la persecución dentro de estos “corralitos” ideológicos y que carecieron del privilegio de la libre creencia y la práctica de la misma.

Hoy, después de casi una década del siglo XXI y acercándonos a la Navidad del 2009, no podemos pasar por alto el mayor conflicto que vive la humanidad: La crisis espiritual del ser humano como consecuencia del muro de pecado que nos separa de Dios y de la verdadera Esperanza. No tengo la menor duda que el derribo de este muro debe ser el centro de todo nuestro esfuerzo y atención. Este muro es la causa de la violencia de género, de la trata de blancas, del tráfico de drogas, de los asesinatos, de la corrupción política, de las guerras tribales, de los abortos, de los divorcios, del abuso infantil, de la promiscuidad sexual, del reparto injusto de las riquezas, de la idolatría, del abuso de poder, de la mala educación, de la falta de respeto, de la falta de integridad o de la carencia de honestidad. Pero, también, como creyentes y en esta línea de pensamiento, debemos analizar nuestras actitudes y comportamientos ya que pudieran denotar la existencia de ciertas barreras, muros o cortinas que nos estarían impidiendo la unidad indispensable para alcanzar a nuestro país con el Evangelio y lograr ser una potencia misionera. Ahora, identificar esas barreras requiere una actitud humilde pero, al mismo tiempo, decidida y valiente para poder afrontar con sinceridad el derribo de todo lo que nos separa y así podernos beneficiar de potencial que logramos cuando dejamos de aislarnos en nuestros reinos religiosos o distritos personalistas. Sin duda, todos tenemos la hermosa experiencia en ver cómo en nuestras iglesias experimentamos la caída de los muros de separación y, mediante la obra de la Cruz, experimentar la reconciliación y la paz (ver Efesios 2:14-16).

Así que, pensando en esto, acabemos el año 2009 derribando muros aun existentes y comencemos una nueva década fortaleciendo y generando relaciones que nos permitan beneficiarnos de la maravillosa experiencia de la diversidad y de sus enormes beneficios. Pero, además, bajo estas condiciones se establecerá ese aposento alto sobre el cual Dios manifestará el Pentecostés tan necesitado y anhelado por todos.

 Juan Carlos Escobar

Presidente del Consejo Ejecutivo

 

Editorial del nº 21 del 3 trimestre 2009

Soñar es Fácil 

Recientemente, en la estación de Atocha de Madrid, leí una interesante frase publicitaria: Las grandes decisiones siempre te acompañarán en cualquier lugar que vayas. Desde luego, es muy acertada porque, precisamente, vivimos tiempos de grande decisiones dentro y fuera de la Iglesia. Sin duda, FADE es el resultado de decisiones, algunas más atrevidas que otras, o más acertadas o desacertadas pero, sin embargo, lo importante es que las decisiones presentes y futuras nos acompañen satisfactoriamente hacia un futuro anhelado, no improvisado y, mucho menos, indeseado.

La vida de Josué nos enseña lo importante que resulta tomar decisiones después de 40 años llenos de promesas, pero de mucha frustración por haber dejado escapar el tren en tiempos de Moisés. En aquel entonces, hubo una primera oportunidad, pero se tomó una mala decisión y les costó transitar por un desierto hacia ninguna parte. Sin embargo, Dios, persiste en llevar a cabo su plan y ahora, ante una segunda oportunidad, le toca a Josué decidir, junto con todo su equipo de liderazgo, dar un paso de conquista y tomar la determinación de anunciar al pueblo la gran decisión: Saldréis de vuestro lugar y marcharéis (Josué 3:3)

Josué identificó el momento y supo transmitir la decisión. El pueblo venía soñando lo que no se hacía realidad por décadas. De la misma manera, nosotros podemos vivir soñando y, lo cierto, es que soñar es fácil, pero lo difícil es realizar el sueño. Y es que, en este punto, está la diferencia; todos podemos hablar de lo que se podría o debería hacer, pero no son tantos los que conquistan el futuro a base de determinación, valentía, responsabilidad, diligencia y fe.

En el caso de todos nosotros, debemos ser conscientes que muchas de las promesas o sueños albergados en nuestros corazones están a la espera de realizarse mediante la toma de decisiones que, en primer lugar, conllevarán el abandonar un espacio seguro, un lugar en el que sentiremos que todo está bajo control, cálculo o lógica; esto es lo que significa salir de nuestro lugar. Pero también, y en segundo lugar, debemos marchar hacia delante y en pos de un camino que nunca antes hemos transitado, o lo que es lo mismo, marchar rumbo hacia una historia que está por escribirse; debemos marchar en pos de una visión que no tiene marcha reversa. A modo de ejemplo, la historia nos muestra varios ejemplos y, uno de ellos, fue la experiencia de Hernán Cortés tras el desembarco en las costas de México y ante el desafío que tenía por delante de una conquista que se antojaba durísima (menciono este ejemplo independientemente de la consideración que merece las acciones indeseables de los conquistadores). Así que, Hernán Cortés, después de una complicada travesía y contemplando a una tripulación enfermiza y desanimada, decidió quemar los barcos para impedir marcha atrás. La orden era clara: victoria o muerte. Claro está, semejante decisión no fue fruto de un impulso arrebatado por una ambición ilusa, sino que pretendió dos objetivos; el primero, hacer que los hombres reaccionaran y no desertaran y, segundo, lanzó un claro y contundente mensaje a los enemigos: ni retrodecerán, ni se rendirán.

Ante esta reflexión, cabe preguntarnos si nosotros no debiéramos atrevernos a salir y marchar. Creo, con toda certeza, que nos espera una tierra llena de grandes batallas y desafíos que supondrán un sacrificio absoluto. Más, de igual manera, tenemos la seguridad de que Dios se asocia a nuestras grandes decisiones porque Él ha sido quien nos ha hecho soñar en grande y, ahora, ante una respuesta de fe, no se quedará atrás sino que dará cumplimiento a su promesa: yo envío mi Angel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado (Exodo 23:20).

Soñar no cuesta nada, es fácil, pero Dios está buscando gente determinada y decidida que dé cumplimiento a los sueños y que están dispuesto a todo, cueste lo que cueste. Por eso, hace falta que muchos se atrevan a disponerse para ser movidos de la comodidad, otros tienen que romper con compromisos que les entretienen y enredan, otros tantos que no tengan miedo de dar el primer paso de Fe para ver abrirse las aguas y… probablemente el paso de fe que nos espera implique quemar los barcos para no volver atrás o caer en vanos intentos especulativos.

Atrévete a soñar, pero decide no sólo soñar. Sé un soñador decidido.

 Juan Carlos Escobar

Presidente del Consejo Ejecutivo

 

Editorial del nº 20 del 2 trimestre 2009

EN EL CANDELERO DE LA HISTORIA.

“…la Luz se pone sobre el candelero…”

“…la Luz se pone sobre el candelero…” (Mateo 5:14-16) 

Ser luz implica emerger de la discreción, o del desapercibimiento, para posicionarnos como protagonistas de los tiempos; es ejercer la responsabilidad de estar sobre el candelero, es estar a la altura que nos corresponde. Lo contrario supone poner la luz bajo el almud o debajo de la cama. Esto significaría esconder, restringir o limitar nuestro potencial, con lo cual, frustraría el propósito de Dios con nuestra razón de ser como cristianos.

Debemos ser conscientes de que estamos ante una sociedad sumida bajo un fuerte protagonismo de las tinieblas. El estado de la gente muestra una crisis profunda que va más allá del ámbito financiero. También somos espectadores de un progreso que se aleja cada vez más de los principios bíblicos. Diariamente enfrentamos políticas y leyes que denigran los fundamentos cristianos en el ámbito del derecho a la vida, la moralidad o de la familia. Cada vez más, se restringe el protagonismo de la iglesia con políticas medioambientales o manías urbanísticas que hacen de la evangelización o de la libertad de culto una tarea ardua y costosa. Vemos que la tendencia creciente de los gobiernos es relegar la práctica de la fe al ámbito de lo privado para que deje de estar presente, y mucho menos influir, en los estamentos públicos o del estado. Así que, vez tras vez, los poderes públicos pretenden imponer la religión de un laicismo arrollador y aplastante de los principios morales y espirituales de la esencia cristiana.

Ante este escenario social, nuestro reto es resplandecer para combatir la influencia de las tinieblas. Para ello, no basta con tener el potencial, debemos ejercer nuestra responsabilidad. En las Asambleas de Dios de España, sin duda, tenemos mucho potencial, pero nuestra responsabilidad es estar a la altura de las circunstancias y colocarnos en el candelero. Por ello, debemos asumir el reto de tomar la próxima década como determinante para el futuro de la Iglesia en España ya que estamos ante el mejor momento de la historia de la Iglesia en nuestro país. Así que debemos plantearnos una estrategia de gran calado por lo que, siguiendo la pauta que marcó Jesús, nuestras obras han de ser la luz palpable de nuestra identidad como movimiento pentecostal. Por tanto, deberemos ser influyentes mediante un impulso perseverante hacia tres objetivos fundamentales:

Primero: Fundar Iglesias, pero con criterios que desarrollen estrategias pastorales y evangelizadoras no proselitistas o religiosas, sino propias de una real compasión por el estado de la gente.

Segundo: Reconocer que necesitamos un nuevo Pentecostés que nos lleve a la oración, la unidad de la Iglesia y a la predicación del evangelio con poder y con el respaldado de señales, prodigios y milagros.

Y tercero: Debemos enfatizar la formación y capacitación de una generación que será la encargada de asumir el testigo del despertar espiritual más influyente de la historia.

Jesús dijo: Que los hombres vean vuestras obras en la tierra y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.

Juan Carlos Escobar

Editorial del nº 19 del  1 trimestre 2009

Vivamos el tiempo de la promesa

Hch 7:17  Pero cuando se acercaba el tiempo de la promesa,  que Dios había jurado a Abraham,  el pueblo creció y se multiplicó en Egipto.

Según algunos estudiosos, durante los dos primeros siglos en Egipto, los israelitas llegaron a ser, a penas,  un centenar de personas. Sin embargo, a partir del tercer siglo de esclavitud, el crecimiento y la multiplicación se disparó hasta llegar a unos seiscientos mil hombres, sin contar a las mujeres y a los niños. Sin duda, la Promesa de Dios hecha a Abraham estaba viva y activa, sin límites que detengan el plan de Dios para el crecimiento y la multiplicación de su pueblo.

También, en nuestro país, por décadas hemos estado viviendo un crecimiento muy lento. La multiplicación no nos comportaba ningún problema de cálculo y, mucho menos, un problema de espacio. Pero, sin embargo, recientemente he podido constatar, en algunas visitas iglesias de FADE, cuyos templos hace pocos años eran considerados como de los más significativos en tamaño que,  la mayoría de estos lugares de culto, se han quedado pequeños durante la última década. Desde luego, esto se ha visto reflejado en las estadísticas que en el pasado congreso de nuestro 45º Aniversario hemos comprobado. En este V Congreso, precisamente, hemos vuelto a recordar lo indicado anteriormente con algunos datos mencionados durante una de las sesiones.

A pesar de las cifras, no podemos estar hablando de un crecimiento explosivo, ni tampoco totalmente generalizado. De modo que, una realidad, es que el crecimiento y la multiplicación de las iglesias de FADE está siendo ciertamente sostenido, pero no  explosivo. Esta circunstancia, en cierto modo, tiene un aspecto positivo dado que nos permite asimilar adecuadamente el desarrollo de la obra y nos podemos preparar para un futuro en el que la iglesia en España entrará en su mejor momento de la historia. Pero, también, está la otra realidad (perfectamente contrastable) en la que muchas iglesias y ministerios están luchando contra viento y marea por largos periodos de tiempo y de mucho trabajo aparentemente improductivo.  Así que, por un lado, vemos el desarrollo que nos permite ser algo entusiastas pero, por otra parte, debemos estar listos para asumir el reto de que aun existen lugares resistidos al crecimiento y la multiplicación.

Pero, sobre todo, una realidad que no podemos olvidar ni un solo instante es que aun existen muchas localidades en España que nos invitan a ser realistas y nada eufóricos ya que no tienen obra y, mucho menos, de las Asambleas de Dios. Nuestro reto es que durante la próxima década podamos desarrollar estrategias de crecimiento y multiplicación, capacitar y enviar ministerios, crear recursos económicos para una mayor solvencia económica y, sobre todo, desarrollar una misión y visión compartida por todos los ministerios e iglesias de FADE que nos lleven a emprender un impulso eficiente hacia el alcance de la nación. Desde luego, esto debería convertirse en una prioridad para cada iglesia, pastor, líder, departamento y comité de FADE. Juntos podemos conseguir un crecimiento y multiplicación incalculable.

Con todo, habiendo finalizado este V Congreso, con 46 años de historia de las Asambleas de Dios de España, seguimos con el convencimiento de que la Promesa de Dios está vigente. Lo hemos comprobado al contemplar el crecimiento del potencial existente en los ministros y ministerios, pero también en los proyectos presentes y latentes en nuestra denominación. Es verdad que las cifras son estimulantes y significativas, pero debemos ser conscientes de que el crecimiento precede a la multiplicación. Además, en este Congreso, hemos recibido Palabra que nos ha recordado la esencia del crecimiento y la multiplicación y nos ha desafiado a prevalecer en la sencillez del Evangelio con estrategias que nacen de la búsqueda de Dios con intensidad.

Una vez más, con profunda gratitud a todos los que han trabajado duramente, a los que han participado de alguna manera en el congreso, y saboreando aun la esencia de este recién clausurado evento, estando aun entre bastidores, nos estamos disponiendo para el siguiente, el que tendrá lugar en el ocaso de la primera década del siglo XXI. El 2010 nos espera; será la compuerta para una gran década, para una gran conquista.

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