Editoriales 2008

Editorial correspondiente al Nº 18 – 4º trimestre 2008

El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz

Probablemente, en esta Navidad, la crisis condicione el habitual consumo de las familias occidentales. No obstante, como cristianos, la recesión no va a impedir que en nuestra mesa falte el pan de acción de gracias y la adoración a ese Jesús que se empobreció para que nosotros fuésemos enriquecidos. De su crisis nació la gran oportunidad de ser nosotros abundantemente bendecidos. Es más, en estos días merece la pena que meditemos en la esencia del mensaje navideño: “el pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz” Y es que, con toda certeza, podemos afirmar que en la noche oscura que algunos atraviesan a causa de su crisis, se viene un nuevo amanecer. Al igual que los discípulos experimentaron en su noche de crisis la improductividad y frustración, así muchos están atravesando una noche larga pero, de igual manera que en el relato bíblico, ya llega el amanecer en el que Jesús camina hacia un nuevo día. Esto siempre nos debe hacer pensar que cuando la noche llegue a su momento más oscuro y, además, cuanto más cansados nos lleguemos a sentir, no perdamos la esperanza porque el amanecer está a punto de comenzar, un nuevo día despunta en tu horizonte.

Precisamente, en torno a una conversación en la que analizábamos la situación de crisis, escuche de un amigo la siguiente frase: El toro, cuanto más bravo, más engrandece la corrida. Es interesante que esta frase la usó en torno a una conversación sobre la crisis global que gran parte del planeta está atravesando. Pero, casi en forma inmediata, pensé en una imagen cotidiana para mí y mi familia: el despegue de los aviones (vivimos próximos al aeropuerto de Barajas) Esta imagen vino a mi mente por el hecho de que no siempre los aviones aterrizan o despegan en la misma dirección. Los aviones despegan siempre contra el viento y nunca con viento a favor. Así que, si bien es cierto que el viento de la crisis sopla con fuerza, no debemos pensar que esto nos va en detrimento de nuestro progreso. De ninguna manera. Ud. y yo debemos tomar el viento contrario como la fuerza que nos ayudará a despegar a un nuevo horizonte de futuro y elevarnos hacia un nivel mayor en nuestra vida. Debemos declarar que la crisis es un tiempo de oportunidad, es un tiempo extraordinario que solo la gente extraordinaria sabe rentabilizar. Así que, definitivamente, corren tiempos de oportunidad para pensar en las cosas que en tiempo de bonanza no pensamos; es un tiempo de oportunidad para nuevos negocios o para explotar mejor los existentes; es tiempo de oportunidad para presentar el Evangelio a gente que quedó carente de esperanza; es tiempo de oportunidad para los milagros y comprobar el poder de un Dios que no está en crisis y, por tanto, nuestra fe y confianza tampoco ha de estarlo.

En esta Navidad se dice que la recesión causa que haya menos luces, menos consumo, menos regalos… y es que, este año 2008, para muchos acabará en la noche pero, para los que confían en el Señor se cumple la palabra del Salmo 139:11 “aun la noche resplandecerá alrededor de mí” De manera que no desmayemos, porque nos espera la mañana de un nuevo año en el que amanece un tiempo de cumplimiento de promesas para quienes no han dejado de esperar en Él. Y es que, en este año, tenemos el convencimiento de que Dios nos llama a vivir el tiempo del cumplimiento de sus promesas y a no dejarnos llevar por la “mala noticia” que nos desanime. Con fuerza, te animo a que declares el año nueve como año de oportunidades y, por tanto, oportunidades que tomarás tomando determinación en la conquista de espacios nunca alcanzados y para recorrer caminos nunca transitados.

Juan Carlos Escobar

 

Editorial correspondiente al nº 17 – 3º trimestre 2008

Tiempos de Promesa en medio de la Crisis

Vivamos el Tiempo de la Promesa, basado en la escritura de Hechos 7:17, es el Lema que hemos escogido para nuestro V Congreso de FADE  que viene en medio de un tiempo en los que los vientos no parecen muy favorables para el crecimiento económico de nuestro país. Más bien, se habla de recesión, a pesar de que no todos lo reconozcan. La palabra crisis es un vocablo que se viene asumiendo como parte ineludible de la realidad latente en todas las familias y, por las previsiones de los expertos, parece que el viento contrario se hará sentir con insistencia y con perspectiva de prolongarse todo el 2009.

Pero, a pesar de este ambiente tan contrario al crecimiento, ¿podemos en base a nuestra fe creer que sí podemos crecer y expandirnos? La evidencia en países que han sufrido fuertes recesiones, y aun siguen sufriéndolas, ha demostrado que la Iglesia no crece en función de los vendavales de la economía o de los cambios políticos, si no en función de parámetros que Dios maneja en su soberanía y que tienen que ver con oportunidades que se dan dentro del Tiempo de Dios para una comunidad o nación y, sin duda, esa oportunidad de expansión está al alcance de nuestra mano si nos asimos de la esperanza de estar viviendo en el tiempo del cumplimiento de las promesas de Dios para España.

Por lo tanto, en pleno ambiente contrario al crecimiento, como portadores del Evangelio de Jesucristo, debemos estar listos para compartir un mensaje de esperanza a quienes están transitando la crisis personal y familiar y que no logran visualizar una salida a la situación que están atravesando; debemos ser un faro que alumbra a las embarcaciones de muchas personas y familias que no hallan puerto seguro. Por todo ello, cada creyente ha de convertirse en una voz de aliento y esperanza en medio de tanto pesimismo y fatalismo. Estoy convencido que es la hora de la Iglesia para poder conectar con la comunidad y mostrarnos sensibles a la transición que nos ha tocado vivir. Recordemos que en tiempo de crisis todos pensamos más trascendentalmente, nos hacemos preguntas que en tiempos de bonanza no cuestionamos, nos hacemos más sensibles  y abiertos a la realidad espiritual, e inclusive, son muchos los que dejarán de poner la mirada en las cosas terrenales y mirarán al cielo ante la frustración de haber querido enriquecerse y construir un estado de bienestar al margen de los valores morales y espirituales que, tristemente, tanto dolor y destrucción ha traído a personas y familias.

Pero además de lo que a modo personal o como Iglesia podamos hacer, como movimiento de las Asambleas de Dios no debemos desaprovechar su oportunidad para que también Vivamos el Tiempo de la Promesa. El próximo Congreso se acerca y será una buena oportunidad para analizarnos y tomar decisiones que nos permitan seguir mejorando mediante compromisos contundentes y con el desarrollo de estrategias que nos permitan seguir creciendo; es nuestra responsabilidad y privilegio histórico.

Al hilo de nuestro Lema, hemos querido invitar para nuestro próximo Congreso, a un experimentado pastor y estratega que se ha convertido en un referente mundial en el ámbito del modelo apostólico de la Iglesia. Se trata del Pr. David Mohan que, además de ser el Presidente de las Asambleas de Dios de la India, tiene la Iglesia más grande del país y ha desarrollado un proyecto de crecimiento y multiplicación que merece la pena observar y analizar por medio de lo que nos estará compartiendo en sus mensajes y testimonios.

También, el programa de nuestro evento anual, contempla novedades importantes que supone acercarnos al ideal que todos perseguimos y pretende responder a la necesidad que nuestro movimiento necesita afrontar y también es producto de la incorporación de ideas que muchos de nuestros ministros nos han expresado en el anterior Congreso.

Probablemente, muchos de nosotros, antes de febrero, nos podamos ver en el histórico acontecimiento de la PEC 2008 en Madrid, o quizás, en el Retiro Anual de Oración que organiza nuestro Departamento. Pero, mientras tanto, y hasta nuestra cita anual, estemos orando por este evento y llenémonos de expectativa por lo que necesitamos que sea un encuentro inolvidable en la comunión unos con otros y, sobre todo, bajo un poderoso derramamiento del Espíritu Santo.

Juan Carlos Escobar

 

Editorial correspondiente al Nº 16 – 2º trimestre 2008

Agua Viva

Nos acercamos a un verano precedido de una fuerte sequía. Personalmente algunos ya vivimos en Andalucía una severa a mediados de los noventa. La sensación de abrir el grifo y no ver salir ni una sola gota, debido los cortes intermitentes de agua como consecuencia de las restricciones, producía una terrible sensación de impotencia ante la escasez de alto tan vital. Muchos vimos como nuestros hábitos cotidianos eran afectados y llegamos a valorar más lo que se daba por hecho, abrir el grifo y dejar correr el agua a raudal.

Ahora, si las lluvias no lo remedian, algunas zonas del país también sufrirán cortes de suministro que ayudarán a racionalizar un bien escaso e imprescindible para la vida y ante el cual nos debemos concienciar para racionalizarlo.

Seguramente, como causa del debate globalizado acerca del agua, el tema de la Expo Universal de Zaragoza tenga que ver con el agua y, además, tenga su escenario a orillas del gran río Ebro. Por cierto, que habiendo sido invitado como representante de FADE a las obras del Pabellón Evangélico denominado Agua Viva, percibí lo bien enfocado que está el tema del Agua por parte de la organización evangélica; será una exposición digna de visitar y de respaldar. De paso, animo a que nadie se pierda la visita a nuestro pabellón. Y es que, sin duda, este tema del agua es sugerente y muy ilustrativo. Ya Jesús usó el agua como un elemento representativo de lo que resulta la presencia o ausencia del Espíritu Santo en nuestra vida.

Por otro lado, tomando como referencia el tema del Agua, FADE está promoviendo la Campaña Puente a la Vida por medio del Departamento de Evangelización. Así que, desde distintos frentes se nos está animando a rentabilizar este tema para presentar el Evangelio no como una alternativa religiosa, sino como  un bien imprescindible para la Vida Abundante.

Pero, hablando de sequía, podríamos referirnos también a las de las noticias que anuncian la escasez de liquidez que la mayoría de los países occidentales están experimentando por causa de la recesión económica y los posibles efectos colaterales como la subida del paro, los controles sobre la inmigración, la inestabilidad social, la paralización del consumo, la falta de inversión y creación de empresas, etc.  Además, como remedio a esta sequía económica, se aplica la misma receta, recorte del uso del dinero para no derrochar y el encarecimiento del mismo.

Con todo, y en definitiva, estamos ante un ambiente generalizado de crisis que viene a reflejar la fragilidad de nuestros recursos.  De manera que, en lo concerniente a la Iglesia, debemos atrevernos a abrir los grifos de la predicación del Evangelio como el verdadero sustento del alma y, además, como el recurso que provee la sabiduría para ser buenos administradores y proveedores en tiempo de escasez. Incluso, ante la crisis, la fe en Jesucristo se convierte en un manantial de provisión para transformar el desierto que nos rodea en un campo fértil. Probablemente España esté en sequía, pero nosotros debemos abrir las compuertas de nuestro potencial y dejar correr las aguas. En realidad, somos manantiales frescos; oasis para una sociedad que deambula buscando saciarse. Aprovechemos el verano para movilizarnos al máximo y rentabilicemos esta sensación de crisis para compartir el Agua Viva por medio de los esfuerzos misioneros  que, dentro y fuera del país, los diferentes Departamentos de FADE, o las propias iglesias, han organizado. Pero, también, sigamos con la visión de cavar pozos, es decir, plantar iglesias o abrir lugares de predicación para abastecer cada rincón de España.

Juan Carlos Escobar

 

Editorial correspondiente al Nº 15 – 1º trimestre 2008

Espíritu de Superación

La Celebración del 45º Aniversario de la constitución de las Asambleas de Dios de España ha resultado en un gran evento histórico en el que pudimos disfrutar de un sincero homenaje a quienes han sido fundadores del movimiento y, al mismo tiempo, hemos puesto el acento en nuestra responsabilidad presente para cosechar un tremendo futuro que nos está esperando.

 Proseguimos a la meta ha sido el lema que marcó el norte a quienes nos han estado compartiendo cada uno de los mensajes. Desde diferentes perspectivas y estilos hemos sido edificados y motivados para continuar haciendo historia.

Estoy convencido que este año está marcado por nuevos comienzos que no solo afectarán a nuestro presente sino que propiciará el inicio de una nueva etapa en el desarrollo de las Asambleas de Dios. Estos nuevos comienzos deben estar marcados por un espíritu de superación que motivó al apóstol Pablo a decir que no había alcanzado aún lo soñado y olvidaba lo que queda atrás y decide proseguir a la meta, a lo superior (comp. Filipenses 3:13-14).

 Está claro que el conformismo no es un buen aliado del progreso al que debemos proyectarnos puesto que ni mucho menos hemos tocado techo por mucho que seamos conscientes del crecimiento que hemos experimentado. El espíritu de superación que proyecta el apóstol en sus palabras deben ser nuestra inspiración para superar lo que por los años de trayectoria ha generado resentimiento y dolor por lo perdido, por lo quitado o por el fracaso al haber querido intentar realizar proyectos o  sueños que sencillamente no funcionaron.

Nuestro deseo de superación debe dejar de un lado la pereza y nos debe impulsar al trabajo o sacrificio constante, excelente y productivo sacando el máximo rendimiento de lo que somos y tenemos con el fin de optimizar todos los recursos que están a nuestro alcance y que de igual manera nos hará dar de nosotros mismos todo lo posible.

Desde luego, un alto nivel de sacrificio requiere que creamos en lo que hacemos y pelear con uñas y dientes por lo que sabemos que vale la pena para no dejarnos invadir por el pesimismo de quienes nos tratarán de desanimar o por el ambiente que genera las noticias que nos hablan de recesión o imposibilidades. Nuestra fe es necesaria para superar el pesimismo y a su fiel aliado llamado fatalismo que, lamentablemente, logra invadir el espíritu de muchos que están cargados de talentos y oportunidades pero que no pueden avanzar  o están sumidos en la rutina del no se puede, ya lo intenté o no vale la pena.

Así que, con este espíritu de superación, atrevámonos a establecer nuevas metas sobre la base de lo ya alcanzado; esto es proseguir. Nunca caigamos en el río de la inercia de la improvisación o de la proyección a corto plazo. Atrevámonos a pensar de aquí al 50º Aniversario de las AD, que será dentro de cinco años o, por qué no, trabajemos con una visión que nos traslade a los próximos diez, quince o treinta años. En definitiva, plantemos la semilla de lo que queremos para nuestras generaciones futuras y asumamos la responsabilidad de aceptar el reto de dejar un legado que otros tomarán como el testigo de una carrera de relevos que en estos momentos está en nuestras manos y que no podemos permitirnos dejarlo caer o entregarlo tardíamente por haber distraído nuestra mirada de la meta que, no es otra, que nuestra razón de ser como Asambleas de Dios: plantar iglesias, hacer misiones, evangelizar, capacitar obreros y, desde luego, todo esto bajo un espíritu de unidad fraternal que nos estimule a estar juntos, a la fe, a las buenas obras y a una comunión inquebrantable.

De momento, el año avanza, el 45º Aniversario ya es historia y ahora ya trabajamos para el siguiente Congreso pero con la mirada puesta en el futuro que podemos entre todos lograr alcanzar y que España necesita que alcancemos como parte de la Iglesia del Señor.

Juan Carlos Escobar

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