El día de la Reforma protestante

Llega el 31 de octubre, día en que se recuerda la fecha en que el monje Martín Lutero clavó en 1517 sus 95 tesis que iban a convertirse en un tsunami que recorrió Europa despojando el cristianismo de ataduras de siglos que encadenaban la libertad de conciencia y la Biblia.

No necesitó buscar lobbys, marketing, propaganda subliminal, ni vender su alma para comprar un buen lugar para sus ideas. Claro que también arriesgó su vida, sufrió crisis personales enormes, vivió dudas inimaginables y se agarró a su fe como a un clavo ardiendo. Dicho sea de paso, nada que no hubiese vivido Jesús de Nazareth, elevado a la millonésima potencia, quince siglos antes.
Pero volviendo a Lutero, parece que al menos en España se le redescubre, o al menos se mira con cierta curiosidad no malsana hacia su figura.
Hemos asistido a la novela “Cisma”, de Jesús Bastante, un periodista de fe católica que se ha acercado a la faceta humana del monje alemán, no exenta de simpatía.
También hemos vivido el impacto de la novela “El caso Lutero”, del historiador protestante César Vidal, que ha logrado el premio Finis Terrae, y que ha llevado el mensaje de la fe evangélica a lugares donde tradicionalmente le habría estado vedado.
Finalmente, justo esta semana se reedita la última novela escrita por el genial Miguel Delibes, “El hereje”, en la que –como dice el periodista y teólogo José de Segovia- “¿quién iba a imaginar que uno de los libros más leídos en España iba a ser una novela sobre la Reforma, escrita por uno de los más importantes autores españoles, y sobre un episodio como la existencia de un grupo protestante en Valladolid en pleno siglo XVI?” Esa es sin duda la principal razón por la que los evangélicos están agradecidos a un hombre como Miguel Delibes por escribir una obra como `El Hereje´.
Y cuando estamos llegando a esta nivel de querer redescubrir a Lutero desde una sociedad que le ha sido culturalmente hostil, estamos convencidos de que el principio protestante de “Iglesia reformada siempre en reforma” se debe aplicar más que nunca a quienes somos o nos consideramos herederos del movimiento de “Solo fe, solo gracia, solo Escritura”.
No para ser –como la Iglesia episcopal de EEUU- inclusivos en una teología liberal que cada vez incluye menos personas, porque para ideas confusas y difusas no hace falta que los cristianos ayudemos en nada, salvo sumarnos a la ceremonia del desconcierto común.
Sí para afirmar la radicalidad tolerante y la tolerancia radical. Como dice la Palabra, en El (en Jesús) la misericordia y la justicia se besaron”.
Una justicia de amor, un amor justo.
No blandenguerías y concesiones falsas. No rigideces altivas y despotismos espiritualizados.
Sólo un instrumento de tortura vacío, la cruz, destinado merecidamente a cada uno de nosotros. Y una tumba, puerta a la eternidad, eternamente vacía para los que creen y confían sólo en su amor y su justicia.
Lo demás, son pamplinas humanas.

fuente: protestante digital

 

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